Seguir en cuarentena y preparar bien la salida gradual

(Compartimos este artículo de José Carlos Agüero Solórzano, con su expresa autorización)

Muchas críticas se acumulan últimamente hacia la gestión del gobierno de esta crisis generada por la pandemia de COVID-19. Hay razones para la crítica, sin duda. Cada día hay noticias dramáticas, desde el personal de salud enfermo o protestando por trabajar sin suficiente material hasta los desplazamientos dramáticos fuera de la capital. Pero no voy a sumarme a este coro. Creo que la respuesta ha sido notable, y que falla por razones estructurales, porque el país falla. El marco de reacción tiene un piso donde las instituciones, el tejido social, la confianza, el sistema de partidos y los valores de comunidad han sido destruidos por décadas.

Por ello, pese a las duras medidas, los resultados no son los mejores. Es comprensible que, en este punto, el gobierno piense terminar la cuarentena el lunes 11 de mayo. El último tramo no ha dado los resultados esperados, mucha población no acata las recomendaciones de distancia física, hay temor a enfrentar una abierta desobediencia, estallidos locales y motines, todo a la vez, que obliguen a usar la fuerza. Y a esto se suma la ansiedad de sentir que se puede estar perdiendo la oportunidad y haciendo más difícil la reactivación económica si pasa más tiempo.

Manejar la situación con buena parte de la población inmovilizada ha sido difícil, debe parecer peor manejar un escenario con presiones que pueden generar caos. También se siente algo de cansancio, se deja sentir – quizá es un error de percepción- cierto razonamiento en nuestras autoridades de que es inevitable un nivel inmenso de contagios y que no queda sino administrar esa desgracia hasta que termine del mejor modo. Pero si acaso esa fuera la sensación, no nos la podemos permitir. Hay que tomar un nuevo aire, pasar a cierto nivel de ofensiva, y tomar la iniciativa.

La estrategia, muy razonable hasta ahora, ha sido correr detrás de la expansión de la pandemia e ir cubriendo los flancos que va dejando en casi todos los espacios que toca, porque con su roce revela fallas estructurales del país. Revela no solo lo ineficaz del sistema en que vivimos, sino su moral egoísta y cruel, alejada de la idea de bienestar.

Comparto algunas pequeñas sugerencias que surgen además de mucho intercambio con amigos y colegas. Creo que se tiene que abrir el tema de lo médico como centro. El enorme esfuerzo en materia de salud tiene una lógica compleja, con sus propios problemas y retos nacionales y globales, que no puedo tocar por no tener esa experiencia. Pero hay que mirar los temas sociales que pueden hacer que el esfuerzo médico sea viable y valga la pena ese sacrificio. Sobre esos asuntos es que comparto unas pocas cosas, como sugerencias.

1. No levantar la cuarentena sin nueva estrategia

No es momento de levantar la cuarentena. Hay que tener el coraje de tomar medidas difíciles e impopulares, y extenderla una quincena o un mes más o muchas personas morirán. Este lunes podría ser un lunes negro con la gente saliendo masivamente a vivir y sobrevivir, y contagiándose en masa. No se trata de que “la gente no entiende” o es estúpida, sino de observar la lógica de los comportamientos y atenderlos. Se trata de observar que varios problemas sociales claves que reproducen el contagio no se han resuelto. No el uso de las mascarillas o el lavado de manos, imprescindibles, sino sobre todo los de la movilidad social, la aglomeración, el miedo, la subsistencia y el soporte. Antes de levantar esta cuarentena debemos darnos un tiempo intenso para si no eliminarlos, mitigarlos drásticamente. Para levantar la cuarentena en el Perú, que no es España, China, o Francia, hay que preparar cada paso, porque nuestra precariedad es grande.

2. Soporte local

En muchos barrios la gente siente que no tiene respaldo estatal. No llegan los bonos, no llegan los apoyos o canastas municipales, no llega el personal de salud, no llega la seguridad. Mientras más pobre, peor le va al distrito. Mientras más poblado y más extenso y con mayor densidad, también. Mucha gente queda por fuera de los patrones de conducta “esperados” porque tiene otros patrones de consumo, de trabajo y en este caso de cuarentena, de mecanismos de sobrevivencia. No podemos seguir criticando los padrones del MIDIS, el sistema del SISFOH ha estado mal por años, no se va a resolver en días. La ciudadanía necesita soporte, presencia de sus autoridades.

Hay que seguir haciendo todo lo macro que el gobierno viene haciendo bien, y pasar a un enfoque territorial y sectorial, cruzando ambas perspectivas. Para tener un control fino y más ajustado a cada realidad local.

– Información desagregada y local. Un problema grave de acción desde el inicio ha sido la mirada general. Por razones que ahora no vienen al caso discutir, nuestros gestores no tienen mucho conocimiento de las dinámicas locales/populares. Necesitamos información desagregada, conocimiento de los procesos, grupos, organizaciones y aún culturas locales. Necesitamos capacidad ejecutiva en cada zona.

– Gestión local. Hay municipios que no tienen capacidad de gestión porque por años fueron copados por mafias o por impericia y burocracia demasiado arraigadas. El gobierno debe evaluar, en los casos graves declararlos en emergencia y tomar la dirección temporal de su gestión. Y a los demás, respaldarlos y acompañarlos en sus procesos.

– Se necesita identificar rápidamente qué municipios necesitan refuerzos de personal y de procedimiento para gestionar y que los obtengan pronto. Los municipios deben convocar a sus fuerzas locales, dirigencias, darles tareas y convocar a sus profesionales para ayudarles a analizar el tratamiento en confinamiento, ajustar estrategias y planificar la salida gradual por zonas, sectores, grupos de edad, etc.

3. Movilidad social

Las razones por las que las personas se mueven son complejas y cambian por distrito y aún por zona o barrio. Pero de la experiencia se aprecia que tiene que ver con: hábitos, horarios, subsistencia, y baja densidad de oferta estatal y servicios privados.

– Aumentar la densidad de oferta estatal, de puntos de acceso a los bonos distribuidos de modo temporal e itinerante por territorios de cada distrito.
– Lo mismo en el caso de oferta bancaria privada.
– Atención médica itinerante, que llegue a las casas y evite ir a las postas y hospitales.
– Donde sea razonable, eliminar el toque de queda.
– Disminuir las presiones que incitan a moverse: medidas extraordinarias sobre alquileres, servicios básicos, acceso a alimentos, acceso a medicinas.
– Uso de espacios públicos para otorgar refugio temporal a los desplazados.

4. Subsistencia

Garantizar la subsistencia reduciría la presión para moverse y generar aglomeraciones. Necesitamos que esta labor sea local y que se reactiven los mecanismos sociales, las redes solidarias. Y que los municipios sean los responsables, pero acompañadas muy cerca y respaldadas por el Ejecutivo. Intuimos que, si solo tenemos soluciones individuales, la aglomeración es inevitable. Hay que reactivar donde sea posible los comedores populares, los comités de vaso de leche y otros servicios de los dirigentes zonales o de la iglesia y ONG. Estos pueden llegar a toda la población de un sector, garantizar la alimentación balanceada e incluso diferenciada por edad, y disminuir el flujo del comercio a mercados. Hay municipios, beneficencias y clubes que también los tienen. Donde no los hay, abrirlos. Generar protocolos para garantizar la participación y solidaridad, y hacerlo controlando el riesgo de contagio. – La distribución de los bienes para subsistir debe ser a nivel distrital y zonal. Con un detalle por manzanas, por quintas, por viviendas multifamiliares. Si esto no sucede, el aparato del MIDIS no va a llegar. Muchos quedarán sin apoyo. Y veremos más banderas blancas por las laderas de los barrios. Pero al mismo tiempo, si el municipio no tiene cómo comprar un costal de arroz, aunque tenga el conocimiento o pueda reclutar gente que lo tenga, tampoco llegará.

– Se necesita mapear en cada zona los lugares, momentos y lógicas del riesgo de contagio. Y trazar una respuesta multisectorial aterrizada.
– Se necesita reactivar o reforzar donde sea necesario el sistema de comedores populares, que garantice alimentación por zonas y disminuya la solución individual, lo que causa aglomeración.
– Donde sea factible, implementar canastas básicas de distribución quincenal, con insumos de menú frío, en coordinación con autoridades locales.
– Distritos grandes, necesitan atención especial y posible tratamiento por zonas autónomas, como VES, SJL. SMP o ATE.

5. Aglomeración

Debemos tomar en cuenta que los mercados de barrio no son solo sitios para comprar y vender, no son sólo lugares de comercio, como los centros comerciales, o un Plaza Vea, Metro, Wong, etc. Si los vemos solo así, las personas nos aparecen como suicidas masivos o ciudadanos irresponsables. Los mercados son sitios para sobrevivir, la gente sale a buscar trabajo temporal, a buscar caridad, a buscar restos o descartes que pueda usar para comer, a hacer trueque o a buscar crédito menudo a través del fiado.

– Es importante que los mercados cambien, pero esto sucederá en el mediano plazo. Ahora hay que procurar que bajen su aforo.
– Disminuir la motivación: a) garantizando acceso colectivo a alimentos por comedores, b) llegando con canastas de subsistencia quincenal por hogar, a cargo de los municipios en coordinación con las dirigencias locales. Esto debería bajar la frecuencia de uso y el número de usuarios.
– Aumentar la oferta de mercados por zonas, itinerantes o temporales, para que no se movilicen todas las personas al mismo punto de modo masivo.
– Sacar los mercados de sus sitios cerrados a espacios abiertos, avenidas grandes, parques, plazas, centros comunales, etc. Para que haya menos concentración.
– Aumentar el horario de atención.
– Protocolos de delivery para compras minoristas. Poner toda la información a disposición de los vecinos de modo sencillo. Vigilar que los precios no se incrementen demasiado por el servicio.
– Campañas promoviendo menús fríos, que disminuyan el uso de refrigeración.
– Bonos: no se trata de suspenderlos, sino de aumentar la oferta estatal para cobrarlos, analizando por zonas, separando a los jubilados, estableciendo mecanismos de visita para tercera edad.

6. Hacinamiento cárceles

Ya hay propuestas numerosas de expertos. Lo que queda claro es que no puede seguir al ritmo actual o estaremos ante una desgracia mayor. Ver estas propuestas: https://lpderecho.pe/personas-privadas-libertad-pandemia-p…/.

– La solución no puede ser por caso, indultos, gracias, etc.
– Debe combinar la excarcelación con la reubicación en zonas amplias y que permitan el control y seguridad (clubes, estadios, edificios).
– Tomar en cuenta que el sistema ha funcionado con mucha corrupción e ineficacia por décadas. El manejo podría requerir ser encargado a gestores nuevos, que no tengan vínculo con las lógicas internas de poder, negocios y manejo de la información. Acá se requiere convocar a gente que conoce el tema a fondo, a nuevos administradores y cambiar a los que están a cargo en este ministerio.

En resumen, pasar a un trabajo territorial, local, movilizando con cuidado y responsabilidad a los actores sociales. Dando mayor responsabilidad a los municipios, pero con el respaldo del Ejecutivo, incluso en algunos casos, interviniendo temporalmente. Mitigar los factores de riesgo de contagio, sobre todo movilidad, subsistencia, aglomeración y la baja densidad de oferta de servicios. Esto no como excluyente de todas las medidas macro que el Estado ya viene ejecutando y que son eficaces y que, al evaluarlas territorialmente, en su aplicación no aumentan el riesgo de contagio local (ejm: el cobro de os bonos, que pueden generar en la ejecución local exposición de jubilados, enfermos, filas de horas, caos, etc.).

Estas acciones pueden dar tiempo para planificar de modo más preciso, con más información y soporte, el retorno al trabajo. ¿Cuáles trabajos, cuáles actividades? ¿Cómo ir al trabajo? ¿En qué horarios? ¿En qué ambientes? ¿Por cuánto tiempo? ¿Con qué procedimientos? ¿Cuánta gente? ¿De qué perfil? ¿Con qué entrenamiento? ¿Con qué actividades, servicios o procesos adaptados a un periodo donde aún habrá epidemia, pero no cuarentena? ¿Cuántos días? ¿Qué partes se pueden hacer en casa, cuáles en oficina? ¿Con qué derechos? ¿Manipulando qué tipo de materiales? Estas preguntas y más que conocen los expertos, pensado por cada sector, cada actividad, pequeña o grande, urbana o rural. La cuarentena debe terminar, pero deberíamos dejarla preparados para la siguiente etapa, y ahora no parece un momento adecuado. Pero todos podemos ayudar a que las condiciones cambien.

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